Cuando estábamos en Córdoba, mi pareja me dio una grata sorpresa: relajarnos y olvidarnos de nuestras preocupaciones en el Spa Hamman Al Ándalus.
Nada más entrar, me pareció que estábamos en Marruecos porque todo estaba decorado de forma muy moruna. Me olvidé totalmente que estaba en mi país.
Lo primero que nos hicieron, tras tacharnos la cita, fue llevarnos a una sala de espera donde pudimos degustar un auténtico té moruno y nos juntamos con otras personas que también esperaban a la encargada de hacernos el recorrido.
Cuando por fin, vino la mujer, nos condujo a los vestuarios donde hay que entrar con unos patucos (tipo hospital) para no manchar el suelo y siga desinfectado todo el rato. Allí, nos cambiamos de ropa y ya pudimos ir descalzos a cualquier lado.

