De todos los mercadillos populares que en Madrid son, el de Entrevías es de lejos el más auténtico y cercano a lo que siempre fue un Rastro tradicional. Su ubicación natural, tan alejada del centro de la ciudad, lo ha convertido en uno de los espacios ciudadanos más desconocidos para el madrileño.
Pese a ello, este rastro de la zona de Vallecas más próxima a El Pozo del Tío Raimundo sigue muy bien de salud comercial. Su actividad es frenética cada domingo y festivo, cuando sus tenderos sacan a la calle una interminable sucesión de puestos ambulantes de ropa, alimentación (fruta fresca, frutos secos, aceitunas, etc.) y en menor medida perfumes, artículos para el hogar, ferretería, CDs de Los Chichos, películas de Manolo Escobar y por supuesto juguetes baratos para niños.
Todo en el Rastro de Entrevías resulta pintoresco y real. La gran mayoría de sus productos no pasan de los tres euros. Esta permanente oferta de precios atrae a un público masivo y variopinto, que deja en mantillas el término multiculturalidad.



