Tras estar en Male durante escasas doce horas, por fin tomamos un ferry hacia Ukulhas. Cogimos el exprés ya que tardaba una hora y poco (el resto era más de cinco horas) y hacía menos paradas.
Las vistas desde el transporte son alucinantes tanto cuando uno se aleja de las islas en las que se paraba como cuando se acerca. Se visualizan cada una a lo lejos con unas aguas turquesas preciosas y cuando se está en los puertos se puede disfrutar de cada uno de los sitios de más cerca. ¡Me encantó!
Un pequeño consejo: id con el estómago vacío porque el barco se mueve sobretodo al atracar para que suban y bajen los pasajeros. Por lo que es fácil marearse.
Cuando por fin llegamos a Ukulhas, nos sorprendió mucho porque parecía un pequeño paraíso en la jungla (toda la playa estaba rodeada por la vegetación que hay en la foto). Cierto es que no había cabañas en el mar como en otras islas, pero a nosotros eso nos daba igual; simplemente queríamos relajarnos, disfrutar del todo incluido y que nos hicieran todo sin tener que preocuparnos de tareas domésticas.

