Es un barrio repleto de leyendas de arte, de amor, de fe o de muerte, que se renuevan en cada paseo, refrescadas en la memoria por el evocador nombre de sus calles. Algunas son del tiempo de los judíos, tras, de andanzas de amor y caballería, de gentes de armas, de jóvenes atrevidos e, incluso de reyes, como los sucesos que, según cuentan, vivió aquí Pedro I.
Como la sensualidad escapa a cualquier plan preconcebido, lo mejor es adentrarse en el barrio sin prisas, incluso prescindiendo de las pautas de la guía. En alguna medida las casas encaladas, las rejas, los patios... parecen ideados para el encuentro casual de los visitantes perdidos.
La entrada se efectúa por el patio de Banderas. Es un paso porticado cubierto, muy al uso judío, que recibe el nombre oficioso de Callejón de los Suspiros y es parte de la calle de la Judería, la entrada de uno de los tres núcleos del gueto judío.






