El tiempo (las horas y los días) se nos pasaba volando puesto que lo estábamos pasando muy bien y aunque nos quedaba aún unos días, ya nos íbamos entristeciendo porque se nos acercaba el fin y no queríamos que acabara este pequeño recorrido. Nos faltaba solamente tres alojamientos por visitar y uno de ellos está en Viana do Castelo, municipio del que voy a hablar hoy y al que fuimos después de ver Braga.
Como siempre que íbamos a una ciudad donde se encontraba nuestro alojamiento, lo primero que hacíamos era descargar todo el equipaje del coche y hacíamos el check-in para estar más tranquilas con todo recogido. Pero nada más entrar nos quedamos con la boca abierta puesto que el Hotel Viana Sol no tenía nada que ver con los antros de mala muerte que estuvimos en Oporto y en Aveiro; esto era un hotel de dos estrellas que parecía cuatro: ¡qué decoración! ¡qué bien cuidado! ¡qué atentos! ¡qué lujo! ¡qué entrada! ¡menudos los trabajadores!... Me faltan palabras para describir ese precioso alojamiento... estábamos maravilladas y cuando entramos en la habitación pensamos que por fin dormiríamos bien sin tener que preocuparnos por las chinches.





